Social Icons

rss feed email

Featured Posts

Para escribir he nacido

Para vivir he nacido,para escribir estas cosas que te cuento,para hablar del tiempo deslizándose árido como la sal o amable como la brisa.

Camaradas

Necesitamos un arte que saque a la república del fango (Vladimir Maiakovski).

Sobre nuestros escudos

Hubo un tiempo en que pudimos haber llegado al tiempo. Ahora los augures sacan beneficio de cada profecía y en los desiertos del corazón yacen las flores en el pelo, el guirre, Ho-Chi-Minh.

Hombres libres

Cuando soplan el siroco y la calima, queda un lugar habitable aún en este territorio: algo de dignidad en la desgracia, algo de estoicismo en el sufrimiento, algo de coraje en la desdicha, el valor indomable de los hombres libres.

Adargoma

La fila india del Adargoma, con la formación que ganó el campeonato juvenil de Gran Canaria en 1976.

sábado, 3 de junio de 2017

Manual de la Alegría (IX)


El tiempo es un enemigo implacable:
después de mí seguirá expandiéndose el Universo,
pero la gloria y los laureles volverán a la entropía.
No empezó el mundo cuando nacimos.
Tampoco se colapsará por nuestra ausencia.
Hoy por hoy tengo para comer y donde abrigarme
y no soy propiedad ni dueño de nadie.
La rueda de los deseos me va siendo ajena
y ya no me envenena la autocomplacencia de los imbéciles.
Para llegar a los hombres me he separado de ellos.
Sin embargo, aprecio su vino y su tabaco.


viernes, 5 de mayo de 2017

Manual de la Alegría (VIII)


He tenido la suerte de nacer como una tempestad
con los ojos abiertos para ver bien las cosas.
No obstante, me encadenan pesadas leyes
y polvorientos legajos en el registro de la propiedad.
Si desato mi fuerza, me tachan de loco.
Si me quedo quieto, sospechan que conspiro.
Por eso vivo sin ocuparme de nadie
y procuro que nadie se ocupe de mí.

Entre un momento y otro, gozo del presente
mientras se disipa el tiempo que me ha sido concedido.




sábado, 1 de abril de 2017

Manual de la Alegría (VII)


En el sarcófago del ocaso me mezclo con los hombres,
ebrio de sus palabras, de sus gestos, de sus olores.
Entre la gente me desbordo, pero sólo ven
a aquel que ya no soy.
Vivo alerta pues me vigilan como a un ladrón
que viene a quitarles sus sueños diminutos
a cambio de ideas extrañas.
Pero sólo quiero apurar el néctar
de mi propia existencia antes de dormir con los reyes.
Carezco de religión y de esperanzas de ultratumba,
pero me regocijo porque aún late mi corazón
y puedo hundirme en los brazos de las mujeres que amo.

¿Dónde están los que ya se fueron?
Los dioses han muerto: yo he renacido.